Mamá full-time: ¿por elección o azar?

Valentina siempre había trabajado en el mundo corporativo y estaba desempeñando una carrera ascendente en Marketing. Se veía a sí misma llegando a ser la número uno en el área en una empresa grande y reconocida, y se había estado preparando para eso. Además de su título profesional, contaba con una maestría en el tema.


Por otro lado, otro gran sueño suyo siempre había sido ser mamá. Esto no fue tan fácil. Tuvo un primer matrimonio fallido, en el cual no había encontrado el “momento perfecto” para formar una familia. Después de un tiempo, conoció a una persona con quien construyó una nueva relación, más sana. Sintió que ahora sí era el momento, considerando que ya había aprendido que ese “momento perfecto” no venía caído del cielo, si no que es una decisión.


Tomaron esa decisión en conjunto y… ¡no pasaba nada! Después de haber creído que embarazarse era muy fácil y que tenía que cuidarse mucho, se dio cuenta que no era el caso para ella. Estuvo en un tratamiento de fertilidad, y en casi dos años, ¡por fin! quedó embarazada de su primer hijo.


En ese momento tenía un trabajo en una empresa con una cultura muy afín a ella, donde aprendía constantemente, y que también era muy exigente. Se proyectaba ahí, pero a la vez, después de ser mamá, sintió que ya no estaba tan alineado con lo que quería. Sentía ganas de pasar más tiempo con su hijo, de estar más cerca e involucrada en su rutina diaria. Sin embargo, no tomaría esta opción, pues en su familia contaban con su ingreso, más aún ahora que tenían un hijo.


Así que se preparó mentalmente para regresar y, al llegar el momento, se reunió con su jefa, quien le compartió que consideraba que ella no iba a poder seguir el ritmo con un proyecto grande que estaba empezando con un hijo pequeño (¡qué curioso cómo lo evaluaban por ella!). Sintió una mezcla de cosas: un golpe a su ego, rabia, injusticia, ansiedad por lo que pasaría, y a la vez… un alivio.


Estando en un país donde existe un fuero maternal, que protege a las empleadas que son madres durante sus primeros dos años de despidos injustos, no la podían desvincular “así no más”. Le propusieron entonces “retirarse” y negociar su salida. Valentina se sostuvo para lograr el mejor acuerdo posible sin llegar a que la despidieran.


Si bien en este proceso ya había roces con la empresa y su jefe, no se atrevió a llegar al extremo de buscar que la despidieran y poner a la compañía en una situación muy complicada. Después de todo, en su mayoría había tenido una buena relación con la empresa y no quería “irse en mala.”


Decide usar lo recibido en la negociación para darse un tiempo más cerca a su hijo, como había sido su primer impulso, y seguir cubriendo los gastos, mientras en su familia mantenían un mismo estilo de vida.


Así empiezan sus años dedicada a ser mamá “full-time”, en la casa, con horarios definidos por la rutina de un niño pequeño, en vez de por las reuniones a las que era invitada; días dulces, amargos, eternos… Una buena parte del tiempo aburridos, extremadamente frustrantes, y también llenos de amor y gratificantes por pequeños instantes. Con muy poco reconocimiento, sin evaluaciones de desempeño y mucho menos posibilidades de una promoción. Digamos que con una rica complejidad, así como lecciones en paciencia y humildad… entre muchas cosas más.


Valentina siente gratitud por el tiempo que ha podido pasar cerca de sus hijos pequeños, pero reconoce lo difícil que es en el día a día, y siente que le falta algo más. Extraña sentirse reconocida, y que está aprendiendo cosas nuevas en su ámbito profesional y teniendo más “temas de conversación de adultos.”


¿Ha sido la situación de Valentina una decisión, el resultado de estar en una cultura llena de prejuicios en relación a la maternidad y la carrera profesional de mujeres madres, o ambas cosas? ¿Puede una mujer apartarse del mercado laboral y luego volver? Muchos casos demuestran que sí, aunque la mayoría de las veces no es un camino directo ni fácil. También demuestran que es una oportunidad para tomar perspectiva, reevaluar lo que uno quiere y hacer un giro.


¿Te sentiste identificada en esta historia, o conocer a alguien que haya vivido algo así? ¿Qué crees que esta situación puede decir de una profesional, y qué puede decir de la cultura? ¿Cómo podríamos como sociedad y en las empresas apoyar más a las familias, a las mamás, sin sacrificar tanto el desarrollo profesional de mujeres, y así fomentar el liderazgo femenino?



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